ECONOMISTAS EN ZARAGOZA DESDE 1978

¿ES LA ECONOMÍA ESPAÑOLA LA MÁS FUERTE DE LA OCDE?

Publicado el 16/12/2024

 

¿ES LA ECONOMÍA ESPAÑOLA LA MÁS FUERTE DE LA OCDE?

Al menos eso afirma el titular de un reciente y aireado artículo de The Economist, pero estas aseveraciones tan categóricas exigen siempre ser matizadas, conviene leer el artículo y no quedarnos únicamente con el titular. En primer lugar, para poner en su justo término esa fortaleza, hay que señalar que países con economías tan destacadas como China, Rusia, India, Brasil y Sudáfrica no forman parte de la OCDE.

The economist basa su afirmación en el análisis de siete indicadores económicos de cada uno de los países investigados, e interesa saber en qué lugar queda nuestro país en cada uno de estos apartados.

El primer indicador estudiado es el crecimiento del PIB real, afirmando que el crecimiento anual del PIB español va camino de superar el 3% durante el año 2024, lo que sitúa a España a la cabeza de los países de la OCDE, aunque matiza que el PIB per cápita ha aumentado en menor medida que el general, lo que indica que el crecimiento económico global del país no se traslada en la misma proporción a las familias.

Para el destacado rotativo las bases de nuestro crecimiento son el turismo y el gasto público, y en menor grado, las exportaciones. Que nuestro desarrollo actual se base en el turismo y el gasto público nos produce cierta desconfianza hacia el futuro.  Ciertamente el turismo es un sector importante de la economía de muchos países, pero de ahí a que suponga el principal motor de nuestro crecimiento no resulta muy satisfactorio. El turismo es un demandante de mucha mano de obra – parte de ella con escasa cualificación – y por tanto su productividad es escasa, como lo evidencia que nuestra economía esté retrocediendo, según la propia OCDE, en productividad. Por otra parte, el turismo está en manos, básicamente, de los grandes mayoristas del sector, que no radican aquí, y gran parte de los beneficios se quedan fuera de nuestro país. Además, sin negar su gran efecto dinamizador de la zona donde incide, y considerando que es un sector económico a tener muy en cuenta, hay que contemplar también sus posibles efectos negativos sobre el medio ambiente y sobre la sociedad en general, pongamos como ejemplo de esto último, la conflictividad que está generando en algunas ciudades españolas el fenómeno de los pisos turísticos.

En cuanto al gasto público como impulsor del crecimiento económico, es el resultado de la gran masa de dinero que el Estado está vertiendo en la economía, particularmente los fondos de recuperación económica que llegan de Bruselas, pero una parte son préstamos que engordan nuestra deuda pública y el resto son circunstanciales y no se podrá contar con ellos en el futuro; además, esta corriente de dinero es generadora de inflación. Si no hay un control severo del déficit fiscal este gasto público desmedido supondrá un mayor desequilibrio presupuestario y a la postre un incremento de la deuda pública.

Las economías sólidas se sustentan en una base industrial fuerte, y en esto España parece estar perdiendo la competición. En el 2000 la industria suponía un 18,7% de nuestro PIB, y ahora supera ligeramente el 15%, según información del Consejo General de Economistas, índices que se alejan de lo aconsejado por la Unión Europea, que recomienda para los países de la U.E. un 20 %.

La exportación se ha comportado bien durante el presente año, pero ha sufrido un ligero retroceso frente al volumen alcanzado en 2023 y hay que tener en cuenta que nuestros principales clientes son europeos, señaladamente Francia, Alemania y Reino Unido, cuyas economías de momento están estancadas, lo que no ofrece buenas perspectivas para el año próximo.

Continuando el estudio de los indicadores que maneja The Ecomist, el segundo es el rendimiento bursátil, en el que España se sitúa en un modesto lugar, para pasar al tercer factor que es la inflación básica, aquella que excluye componentes volátiles como la energía y los alimentos, para señalar las presiones subyacentes sobre los precios. En este tercer indicador, que de modo optimista el redactor del artículo sitúa en el 2,3%, pero que el dato definitivo, tras el repunte de los precios de los dos últimos meses del año, puede ser más alto, vamos en el grupo de cabeza entre los más inflacionistas, sólo superados por países como Colombia e Israel, que atraviesan circunstancias especiales nada comparables con las nuestras.

En cuanto al resto de indicadores no podemos decir que nos resultan favorables: en el problema del paro el semanario nos atribuye un índice negativo del empleo -0.7 (somos líder del grupo en desempleados, según el último informe de la OCDE), y en cuanto al déficit fiscal, excluyendo pagos por intereses, vuelve a imputarnos otro índice negativo, el -0.6. Estos dos últimos aspectos, el paro y la abultada deuda pública, son los grandes problemas que lastrarán nuestro desarrollo económico posterior.

En conclusión, la fortaleza económica de España se basa únicamente en el incremento del PIB global del presente año, pero no se compadece con el resto de los indicadores estudiados, que nos sitúan en posiciones modestas, cuando no, claramente negativas, de modo que la continuidad de este crecimiento no está asegurada.

El artículo de The Economist ha coincidido con la publicación en noviembre del informe sobre nuestro país de La Comisión Europea. En este informe, moderadamente optimista, se prevé que la economía española crezca en este año el 3%, pero que se desacelere gradualmente en 2025, hasta el 2,3% y el 2,1% en 2026.